Tener en el garaje un Bentley de los años 30, un
Austin de los 20, o un exclusivo Rolls Royce, conducirlos por
pintorescos parajes, observarlos junto a una pinta de cerveza
y con otros aficionados, va más allá de una excentricidad o un
pasatiempo típicamente británico. Los coches clásicos son
parte del patrimonio histórico del país y de su orgullo
nacional. Además, también pueden resultar una buena inversión
como ocurrió al final de los 80 cuando, en un periodo de
bonanza económica, se convirtieron en valores tan populares
entre los británicos como lo han sido recientemente las nuevas
tecnologías. Claro que luego llegó la recesión en los 90 y
algunos modelos perdieron más del 50% de su valor. El Ferrari
Dino GTS pasó de 72.500 libras (112.500 euros) a sólo 30.000;
una evolución similar experimentó la cotización del Aston
Martin DB5, similar al que conducía el espía James Bond.
Tras ese derrumbe, el mercado necesitó más de siete años
para estabilizarse y recobrar su compostura habitual.
Recientemente los analistas financieros han vuelto a señalar a
los automóviles de época como un valor seguro; aunque, por la
experiencia acumulada, recomiendan invertir en modelos de
elite. Algunos tan inalcanzables como el Ferrari 250 GTO o el
Bugatti Royale de 1930.
Los coches más antiguos, los vehículos que en su época fueron
series limitadas o de encargo e, incluso los que han
pertenecido a algún famoso, se ofrecen en las casas de
subastas. En Sotheby’s se pujó en 1998 por el coche del ex
primer ministro Winston Churchill, un Austin Eight que se
adquirió al precio final de 65.000 libras (97.500 euros).
El zoco de las subastas, donde los clásicos alcanzan sus
mejores marcas, es Londres con firmas como Christie’s y Coy’s.
Tampoco hay que perder de vista Buxton, la ciudad más señorial
del Distrito de Peak, donde la casa H&H, saca a concurso
interesantes modelos como el Lagonda Rapier vendido en
diciembre, o el Jaguar XJ220 Sports, del cantante Elton John,
por el que se pujará a finales de este mes.
Tres citas obligadas
Más allá de los modelos exclusivos, existe un extenso
mercado de minoristas. El rasgo común que comparten es la
exhaustiva especialización, ya que en su mayoría comercian con
vehículos de una o dos casas y de una época determinada.
"Buscamos urgentemente Jaguars clásicos, en especial clase
E y KX" reza el anuncio de un minorista de Essex. Del mismo
modo una casa de Gales, The Real Cars, se oferta como la mayor
especialista en Rolls y Bentleys.
Extenso y muy variado, así es el calendario de eventos que
sacia las ambiciones de los más entusiastas. Sin duda, el mes
de febrero marca la cuenta atrás para los tres encuentros,
puntos de parada y posta obligatoria, entre los
incondicionales del motor de época: la Exposición de Coches
Clásicos de Londres (The London Classic Motor Show), la
Carrera de Coches Veteranos Londres-Brighton y el Goodwood
Revival.
La Exposición de Coches Clásicos de Londres, la primera de las
grandes ferias internacionales, dará comienzo el 15 de marzo
en el majestuoso Alexandra Palace. Una exquisita selección de
los mejores modelos Meguiar, más de 35 clubs de todo el mundo
y expositores de casas de piezas de recambios, accesorios de
cuidado, seguros, neumáticos y aceites esperan este año a los
visitantes. Como en ediciones anteriores, un área está
reservada al mercadillo del automóvil, con el aliciente de
encontrar las piezas menos comunes en los circuitos
habituales. Los organizadores aconsejan reservar con
antelación para evitar aglomeraciones y ofrecen la posibilidad
de comprar la entrada por Internet. El precio para los adultos
es de 8 libras (12 euros), una libra y media más cara, en la
puerta de acceso.
El Goodwood Revival es, por varias razones, la kermesse de
los sentidos. El legendario circuito cerrado en 1966 y
reconstruido recientemente con esmerado detalle conserva su
sabor original de finales de los 40: vallas blancas, poca
tecnología en los boxes y zonas verdes. Del 5 al 7 de
septiembre se revive el esplendor, los días de gloria.
Todos los participantes: mecánicos, conductores,
organizadores y personal sanitario visten con trajes de época.
Ellas, las ladies, a lo Grace Kelly o a lo Audrey Hepburn.
Ellos, los gentlemen, a lo Cary Grant. Los trofeos de St.
Mary, y la carrera RAC TT son los platos fuerte del fin de
semana donde el año pasado se vivió la inolvidable batalla
entre un AC Cobra y un Lightweight E-type 4WPD. Las entradas
se pueden adquirir por teléfono, fax, correo electrónico o en
la tienda digital. El billete es más barato si se compra con
antelación.
Finalmente, en la primera semana de noviembre, se celebra
la Carrera de Coches Veteranos Londres-Brighton. Ésta, que
conmemora la ley de 1896 por la que se aumentó la velocidad
límite de 4 a 14 millas (6,5 a 22,5 km/h.), limita su
participación y sólo acepta los vehículos fabricados antes del
31 de diciembre de 1904. En la última edición, 367 automóviles
cruzaron la línea de partida, en Hyde Park. Únicamente 338
recibieron el banderazo de llegada tras cubrir los 103
kilómetros escasos del recorrido. Entre ellos, figuraba un
1901 De Dion Bouton, con la matrícula más antigua del mundo:
REG N° M1-1; también entre los participantes hubo un Albl de
1902, único superviviente en todo el mundo de una serie de 15
coches manufacturados entre 1897 y 1905.
A estos tres acontecimientos hay que añadir los
innumerables encuentros que organizan los clubs regionales.
Para no perderse ninguna de las actividades, lo más
recomendable es contactar con algunas de las asociaciones
agrupadas en la Motor Association Sport (MAS).
Los museos más curiosos
Si en un mapa dibujásemos una ruta con todos los museos
británicos del motor, terminaríamos recorriendo cada una de
las regiones del país. Más de un centenar de colecciones
privadas están abiertas al público. Entre ellas, curiosidades
como el Museo Británico de la Bicicleta o el Museo del Autobús
en Keighley.
Otro tanto sucede con los coches clásicos: existen
antologías vivas de norte a sur del Reino Unido, muchas
especializadas en modelos o épocas determinadas. Gloucester,
que presume de tener una de las catedrales más impresionantes
del mundo, acoge el Centro de Estudios de Bugatti; más al sur,
en Sussex, el museo de los Bentley Wildfowl.
Peter Nelson es el propietario de Cars of the Stars, una
colección hecha museo que muestra exclusivamente clásicos
utilizados para películas de cine y televisión.
Posee 24 vehículos que han figurado en las distintas
películas de James Bond entre los que destacan: el Aston
Martin DB5 que figura Goldfinger; el Lotus Esprit Turbo que
conduce Roger Moore en Sólo para tus ojos y el flamante Ford
Mustang Mach1 del 71 de Los diamantes son para siempre.
Además, en este museo de la pequeña localidad de Keswhik
(Cumbria) se halla el Mini Cooper que Peter Sellers conducía
en La Pantera Rosa y tres de los automóviles de Batman. Nelson
es también propietario del inconfundible troncomóvil de Pedro
Picapiedra.
Por otra parte, el Museo Nacional Británico del Automóvil,
en Beaulieu, presume de tener más de 250 modelos entre los que
se encuentran el legendario Bluebird de 1964 y el Golden Arrow
de 1929. Según Jon Day portavoz de la biblioteca gráfica "este
centro no está especializado en un modelo específico pero
intenta mostrar los vehículos que han sido más representativos
en las carreteras británicas de 1880 en adelante". Además,
cuenta con una fascinante exposición de los primeros
accesorios (velocímetros, retrovisores y señales de tráfico) y
una exquisita biblioteca con fondos gráficos: vídeo y foto,
así como libros de referencia y publicaciones periódicas.
También son reseñables el Museo de Brookland y el Heritage
Motor Centre que ofrecen una amplia variedad de clásicos y
proponen al visitante un interesante programa educativo con
cursos de Karts y 4x4.